Pecado Deportivo
Cuando somos niños y comienzan a llamarnos la atención los deportes, empezamos a “irle” a un equipo. Generalmente es el equipo al que siguen nuestros papas, familiares, o amigos. Aunque también puede ser un equipo que haya sido campeón recientemente y se vuelva muy popular. Realmente no vemos los juegos ni entendemos del todo el deporte, lo único que nos interesa es si es campeón o no. Por supuesto en esa época somos súper influenciables por lo que es bastante común seguir a un equipo y poco tiempo después a otro. Esto es natural y no tiene absolutamente nada de malo. Es hasta que tenemos un interés más profundo o nos “educan” al respecto, que nos decidimos por un equipo y un equipo nada más.
Como comentario al margen, yo me propuse hace tiempo “educar” y convertir a mis primos más chicos en fieles seguidores de los Pumas. Creo que con algunos lo he logrado porque casi todos los fines de semana se ponen su playera de Pumas. Sobre todo uno que es todo un aficionado y quien ya vivió su primer partido en Ciudad Universitaria. Honestamente, aun no le llama tanto la atención ver los partidos pero solo tiene 9 años, vamos paso a paso pero estoy seguro que es ya un Puma para toda la vida.
Regresando al tema, una vez que llegamos a ese punto de madurez y entendimiento, y decidimos seguir a un equipo, lo hacemos por el resto de nuestra vida. Podemos preferir que gane un equipo u otro en un partido, pero ser aficionado de otro equipo. ¡Jamás! Puede ser que en casos en los que nuestro equipo no califique a un torneo o liguilla y nos gustaría que gane un equipo diferente. Solo es en este caso particular porque si nuestro equipo está en la pelea le declaramos la guerra y odiamos a todos los demás. Por supuesto no es una opción seguir a dos equipos, es completamente ilógico.
Es así como durante nuestras vidas como aficionados vamos acumulando suvenires y artículos de nuestro equipo (yo tengo por lo menos 10 playeras de Pumas), vamos al estadio, pasamos horas frente a la televisión viendo partidos, conocemos la historia y jugadores de nuestro equipo, leemos las noticias que relacionadas a nuestro equipo cuando deberíamos estar trabajando, pasamos horas discutiendo con amigos y cercanos defendiendo a nuestro equipo, así como celebramos cada triunfo y campeonato como si fuera el ultimo. En fin, es toda una inversión que merece nuestra afición y equipo. Lo aceptamos como tal.
Todo esto se los platico para que entiendan la magnitud de un concepto que he venido elaborando con el tiempo, el Pecado Deportivo. Este se consuma en el momento en que hacemos lo impensable, vamos en contra de nuestro propio criterio, tiramos por la borda el trabajo y esfuerzo de años, desdeñamos todo el sentido común y…. cambiamos de equipo.
¿Cómo podemos de un día para otro cambiar nuestras prioridades y enfocarnos en un equipo completamente diferente? ¿Cómo cambiamos toda nuestra rutina y conocimiento de un equipo por otro así nada más? ¿Qué hacemos entonces con todos los suvenires que hemos ido juntando durante nuestra vida? ¿Con que cara nos paramos enfrente de las personas con las que en innumerables ocasiones discutimos fervientemente defendiendo a capa y espada a nuestro equipo? ¿Eso significa que todas las veces que sufrimos, nos enojamos, lloramos porque nuestro equipo perdió un partido o campeonato no fueron del todo sinceras? ¿Cómo de manera consciente tiramos a la basura todas las horas que pasamos siguiendo a nuestro equipo?
La respuesta es: no lo sé… pero estoy a punto de averiguarlo.
Así es, por este medio quiero confesarme ante todos ustedes, he cometido un Pecado Deportivo. Lo sé. Esto no es como con la música, en donde creciste amando a Guns N´Roses y al madurar aprendiste a apreciar a The Beatles. ¿Cómo puedo siquiera atreverme a considerarme un aficionado del deporte y luego salir con esto? Lo sé y sinceramente lo siento. Pero quiero pedir una oportunidad para explicarme.
En mi caso, más que un error lo considero como corregir el camino y las malas decisiones tomadas cuando era chico. Espero que después de conocer mi historia me darán la razón.
Yo crecí viendo y siguiendo a los 49ers de San Francisco, quienes guiados por Joe Montana y Jerry Rice dominaron la NFL durante los 80´s y poco de los 90´s. Seamos honestos, si en algún momento decidiste ser aficionado a un equipo por sus jugadores y el momento que viven; no sé si haya mejor opción que estos 49ers. Un equipo que de la mano de Bill Walsh revoluciono al futbol americano. Marco época. Tenía al mejor quarterback y mejor receptor de la historia. Pero sobre todo, era un equipo que no se daba por vencido nunca y que luchaba hasta el último segundo. Un equipo de ensueño… hasta un día de Abril de 1993 en que Joe Montana fue traspasado a los Kansas City Chiefs.
Para mí fue devastador aun a mis 12 años. ¿En qué mente cabe cambiar al mejor jugador de la liga, posiblemente de la historia, para darle oportunidad a alguien más joven? ¿Cambiarias a Messi para que pueda tener más juego Bojan? No verdad. (Claro, después descubrimos que Steve Young no era un bueno para nada y gano un Super Bowl pero definitivamente no era Joe Montana).
Nada fue igual. No podía ver a los 49ers con los mismos ojos, simplemente no entendía como un equipo podía hacer eso con su mejor jugador. No era fan de San Francisco por Joe Montana, era fanático de los 49ers, de todo el equipo pero esto me dolió. Lo veía como una traición y algo tenía que hacer, así que decidí castigarlos de la manera más fuerte posible y darles la espalda. Eso significaba cambiar de equipo. En ese entonces el único equipo que valía la pena (aparte de San Francisco) y el cual disfrutaba ver jugar eran los Buffalo Bills. Jim Kelly, Thurman Thomas, Bruce Smith, Andre Reed, Steve Tasker, James Lofton, y mi favorito Don Beebe. Eran un gran equipo también (por si lo pensaron, nunca, nunca, ni de chiste considere cambiarme a Dallas. Nunca. Mejor dejo de seguir el futbol americano y ya).
Durante años me mantuve firme en mi decisión y no volteé para atrás. Sufrí las derrotas en los Super Bowls, las derrotas en los playoffs, las falsas esperanzas, y los múltiples años de mediocridad de Buffalo. Ni hablar, era aficionado de los Bills y tenía que lidiar con eso. Fue hasta el año pasado en que fui a visitar a unos amigos a San Francisco que al ver el Candlestick Park (el estadio de los 49ers) desde la autopista, me di cuenta que no me podía fingir más tiempo. No había vuelta atrás. Cuando sabes algo de corazón no te puedes engañar a ti mismo. Es así que me di cuenta que tenía que cometer el pecado más grande que un aficionado puede hacer. Cambiar de equipo, en este caso, cambiar de regreso a un equipo. No me importa si San Francisco ha sido una franquicia mediocre y han tomado pésimas decisiones en la última década o más. Soy, siempre he sido y seré un 49er.
No obstante, estoy consciente de que esto no puede pasar desapercibido y algún castigo debe de haber. Por lo tanto quiero compartirles mi penitencia: No voy a seguir a ningún equipo de la NFL por un plazo de 3 años. Así es. Ni Buffalo, ni San Francisco. Nadie.
Me imagino que se preguntaran ¿Dónde está el castigo ahí? El castigo es que para mi suerte y después de décadas en que ambas franquicias fueron el hazme reír de la liga y mediocres en todo el sentido de la palabra, algo me dice que en estos 3 años ambas franquicias van a ganar el Super Bowl y yo no voy a poder festejar ni celebrar absolutamente nada.
Así es, lo primero que voy a hacer de vuelta como aficionado de los San Francisco 49ers es NO festejar si ganan el Super Bowl…
Pecado Deportivo,
